Experiencias italianas

Durante este año, he pasado seis meses en Bologna, Italia, y, aunque ya hace tres meses que regresé a España, aún no había tenido tiempo – o no lo había encontrado – para escribir sobre mi experiencia allí.

Hace ya algunos años, pasé nueve meses de mi vida en Bologna como estudiante Erasmus, pero cuando volví en febrero de 2011, la ciudad no era la misma que yo había conocido en 2006. Yo tampoco lo era.  Ya no era una estudiante. Y menos una erasmus. Eso sí, seguía siendo becaria-precaria debido a esta crisis que se hace interminable. En fin, precariedades aparte, trabajar en otro país es una experiencia vital enorme que, de otro modo, no habría tenido.

Una de las cosas que más me llamaron la atención cuando empecé a trabajar en el departamento de comunicación de la Casa delle donne per non subire violenza Onlus fue enterarme de que en Italia no existen datos oficiales sobre las mujeres asesinadas por violencia de género. Desde mi ignorancia, daba por hecho que existían estos datos aunque sólo fuera porque Italia forma parte de la Unión Europea. Pero no. Nunca hay que dar nada por hecho.

Son las asociaciones de mujeres quienes se encargan de estudiar este problema al que intentan poner solución con unos recursos muy limitados. En este sentido, desde el año 2005, la Casa delle donne di Bologna hace una investigación anual sobre el femicidio en Italia. Para poder llevarla a cabo, un grupo de voluntarias de la asociación – del que formé parte – se encargan de repasar la prensa diariamente y recoger y analizar todos los datos relativos a los asesinatos por violencia machista.

No hace falta decir que esto tiene unas limitaciones bastante grandes: casos que quedan sin resolver y que la prensa olvida, asesinatos que no recogen los medios, datos que son erróneos o que en cada periódico son diferentes… Y esto sin mencionar que, al haber unos recursos económicos casi inexistentes, las voluntarias dedican el tiempo que buenamente pueden a este proyecto que bien merecería una dedicación plena y remunerada.

Lo peor es que en la mayoría de los medios se cuenta que una mujer ha sido asesinada por un hombre y eso es todo lo que sabe la ciudadanía. Es decir, no se tiene una perspectiva de género ni nada que se le parezca, sino que se habla de casos sueltos, sin tener en cuenta que todos ellos vienen de un mismo problema social: la violencia machista y la desigualdad de género.

Cuando le decía a alguien (ajeno a mi entorno laboral) la cifra de mujeres que habían sido asesinadas en lo que llevábamos de año, se daban cuenta de que este era un gran problema del que no tenían ni idea. “¿60 mujeres en sólo seis meses? Pero, ¿esto lo sabe la gente? ¿Esto aparece en la prensa?” Me decían.

Sí. Sí, aparece. Pero, ¿cómo? Como decía, para los medios esto no es un problema, son casos aislados. Y esto es lo que hace que muchas personas que, a pesar de estar informadas, no sean conscientes de la gravedad del problema. El hablar de “ataque de celos”, de “crimen pasional” o de “demasiado amor” hace que lo que es un problema social, acabe convirtiéndose en ataques puntuales de locura causados por amar demasiado a una mujer. No sólo se pierde el norte en lo que respecta al quid de la cuestión, sino que se justifica el acto violento de los hombres y se culpabiliza a las mujeres por no corresponder de la forma en que ellos, pobrecitos enamorados, se merecían.

Ojo, nuestros medios de comunicación hacían esto hasta no hace mucho tiempo y, no nos despistemos, siguen haciéndolo de un modo más sutil pero igualmente peligroso. Eso sí, después de leer demasiadas noticias en italiano sangrientas y llenas de morbo, me he dado cuenta de que aquí llevamos un camino recorrido muy importante. Nos queda muchísimo, pero la diferencia es más que notable.

El próximo 22 de noviembre, se presentará en Bologna un libro que recoge datos y reflexiones en torno a la violencia de género, tanto en Italia como en Europa,  en el que he podido participar como parte del grupo de investigación de la Casa delle donne di Bologna sobre el femicidio.

Para mí, es todo un orgullo haber formado parte de algo que considero tan importante, a pesar de que aún no tenga el reconocimiento que merece. Nuestra sociedad sólo valora aquello por lo que se paga y este trabajo – como tantos otros – es posible gracias a gente que trabaja gratis porque cree en lo que hace.

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