Entre la esperanza y el miedo

Llevo varias noches (por no decir unas cuantas) en las que no consigo descansar. Es como si las sábanas me molestaran, como si no pudiera estar tumbada y relajarme. Como si tuviera que levantarme y salir corriendo. Nunca había sentido de esta forma que este no es mi lugar. Que este no es el lugar en el que quiero estar. Creo que el miedo también me está alcanzando.

No es para menos. Parece que “miedo” es la palabra más repetida últimamente, después de “crisis”, claro. No paramos de escuchar eso de que lo peor está por llegar y que no hay más remedio que sufrir lo que está pasando, resignarse y tirar como se pueda.

Mientras tanto, otras personas intentan (intentamos) pensar en soluciones alternativas a esta resignación que no nos lleva a ninguna parte. De esta crisis están naciendo proyectos diferentes que no tienen como objetivo seguir creciendo de forma infinita para ganar y ganar más dinero. No hace falta ser economista para caer en la cuenta de que un sistema basado en consumo, tarde o temprano, se tiene que agotar. Ayer, en una entrevista de Anatxu Zabalbeascoa publicada en El País, la socióloga Saskia Sassen decía en una  que nuestro sistema ya es otro desde hace tiempo, “parece una continuación del antiguo, pero no lo es” porque “el salario del trabajador ya no permite mantener el consumo”.

Algo parecido decía José Luis Sampedro en la entrevista que le hizo Jordi Évole en Salvados: El sistema capitalista fue muy útil en su momento, pero ahora se ha agotado. La iglesia, la política y la economía, las instituciones sobre las que sustenta nuestra sociedad actual, están atrasadas.

Con una lucidez increíble, nos transmitía la serenidad de un pensamiento complejo y sencillo a la vez, lleno de lógica y humanidad. Nos planteaba preguntas y una forma de razonamiento pausado que, hoy en día, se echa en falta. En twitter, el lugar de las ideas grandes en espacios breves y veloces, se empezaron a recopilar con emoción algunas de sus frases llenas de sabididuría.

¿Qué tenemos que hacer? ¿Cuál es la solución? ¿Por dónde empezamos a crear una nueva sociedad?

De momento, parece que las personas que están arriba no están dando pie con bola. Esta crisis debería ser el inicio de un nuevo sistema más justo, adaptado a nuestros tiempos y todas las cosas que hemos conseguido durante siglos. Un sistema que tuviera en cuenta el logro más importante de nuestra historia: el reconocimiento de los derechos humanos.

Sin embargo, parece que todo lo que hemos conseguido está ahora entre la espada y la pared. A nadie le gusta esta situación, pero quienes tienen el poder llevan más de tres años poniendo parches para que este sistema siga vivo, cueste lo que cueste.

En poco tiempo, los pilares de nuestras democracias parece que se van al traste. Recortes en educación y sanidad, copago en justicia… Ni hablar de los avances de los últimos años en cooperación e igualdad de oportunidades. Estos son grandes lujos que no nos podemos permitir.

Vivimos en la era de las comunicaciones y la libertad de expresión cuenta hoy con más vías que nunca para manifestarse. Sin embargo, también parece que da miedo a todas las fuerzas políticas. En lugar de aprovechar las miles de posibilidades que tiene hoy Internet, sólo ponemos límites porque la libertad de pensamiento es algo que, aún, asusta.

Y, por otra parte, el periodismo es una de las profesiones peor pagadas y valoradas de nuestra sociedad. Yo he perdido la cuenta de los periódicos y medios de comunicación que en nuestro país han cerrado en los últimos meses o amenazan con hacerlo próximamente. Además de los recortes, los sueldos basura, las prácticas no remuneradas y el dar gracias por colaborar en algunos medios de comunicación.

¿Qué consecuencias tiene todo esto a largo plazo? Ya no se trata “solo” de la reducción de sueldos y el despido de muchas personas, sino de que estamos perdiendo servicios y derechos básicos que, hasta ahora, considerábamos intocables.

Me hace mucha gracia que, desde el poder, se hable de que estamos en tiempos difíciles pero que muy pronto nos recuperaremos. Sí, tal vez la economía se recupere, pero ¿a qué precio? ¿Cómo seremos dentro de diez años? ¿Dentro de veinte? A mí esto sí me da miedo, me da mucho miedo.

Pero no quiero hacer más apología del miedo. No quiero ser más catastrofista. Todo lo contrario. Creo que es el mejor momento para cambiar las cosas. Para transformar nuestra realidad. Para buscar otro sistema que nos ayude a vivir con dignidad. La ciudadanía no está dormida. Lo hemos demostrado en Internet y en las calles. Gente de países bien diferentes se han manifestado en las plazas de todo el mundo pidiendo un sistema diferente y una democracia más justa. Un sistema que tenga en cuenta a las personas, las necesidades de la gente y no las de los bancos.

Rajoy ya ha asumido que va a haber una huelga general en España. Increíble, antes de dar a conocer su reforma laboral ya sabe que una gran parte de la sociedad española no va a estar de acuerdo. Pero… ¿él no nos representa? ¿No tiene que luchar él por nuestros intereses?

En fin, yo no sé si habrá o no una huelga general, lo que sí que tengo claro es que tenemos dos posibilidades: vencer el miedo y buscar alternativas o dejar que esta inercia nos lleve a un suicidio colectivo.

“El miedo a lo que podría pasar hace que se acepte lo que está pasando”. José Juis Sampedro.

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