De la violencia obstétrica al parto humanizado

Episiotomías mal hechas, exceso de medicalización y cesáreas innecesarias son algunas agresiones que sufren muchas mujeres al momento de dar a luz.

Venezuela es uno de los pocos países que recoge la violencia obstétrica en su legislación, entendida como “la apropiación del cuerpo y procesos reproductivos de las mujeres por prestadores de salud, que se expresa en un trato jerárquico deshumanizador, en un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales, trayendo consigo pérdida de autonomía y capacidad de decidir libremente sobre sus cuerpos y sexualidad impactando negativamente en la calidad de vida de las mujeres”[1].

Mientras que los procesos biológicos masculinos se asumen con total naturalidad, aún cuesta entender la biología de las mujeres. “¿Por qué nosotras, en momentos que son normales, tenemos que depositarnos en manos del sistema médico? Vamos cuando empezamos a menstruar, cuando estamos embarazadas, cuando empezamos con la menopausia… ¿Por qué no podemos recuperar nuestra autonomía?”, se cuestiona Sylvia Sosa, partera y coordinadora de Nacer Mejor.

Es complicado contestar a estas preguntas cuando las mujeres se ven obligadas a parir acostadas, aunque sea la postura más incómoda para ellas. Según Gilda Vera, partera, coordinadora de la Red de la Relacahupán e integrante de la Casa de la Mujer de la Unión, “la posición vertical es la forma natural de parir, los médicos lo saben. Lo que ocurre es que durante mucho tiempo las cosas se hicieron para la comodidad de ellos”.

En este sentido, Natalia Magnone, de Mujer Ahora indica que “se piensa mucho en la patología y cualquier pequeño riesgo implica una medicalización exagerada”. De hecho, la Organización Mundial de la Salud lleva años alertando sobre la realización de rutinas médicas innecesarias –como la administración de oxitocina o la realización de episiotomías en partos normales– y señala que sólo el 15% de los partos necesitarían una cesárea.

Sin embargo, en Uruguay el 33%[2] de los nacimientos es por cesárea. Además, la cifra es mayor en el sector mutual (45,9%) y seguros privados (55,4%) que en hospitales públicos (24%). Según Sosa, esta realidad tiene que ver el hecho de que en el sistema de salud público las parteras sí que atiendan partos, mientras que en el sector privado tienen funciones más limitadas.

En una de las entrevistas que realizó Magnone para su tesis Derechos y poderes en el parto: Una mirada desde la perspectiva de humanización, le preguntó a un ginecólogo si realizaba episiotomías. Él contestó: “No sé no hacerlas”.

La sexualidad femenina, en algunos casos, parece no existir y, en otros, es como si no perteneciera a las mujeres. “He visto meter la mano en la vagina con una violencia… Se pierde el respeto por esa mujer y por sus genitales (…) Conozco historias de episiotomías dantescas, donde un corte desmedido, mal suturado, después provocó dolor durante las relaciones sexuales o, incluso, cuando había mal tiempo.” explica Sosa.

La violencia obstétrica se manifiesta de múltiples formas. En el caso de Ana y Fede, tenían todo preparado para recibir de la mejor forma posible a su primera hija, pero las cosas no salieron como esperaban. A pesar de que habían pagado por una habitación privada, Ana realizó todo el trabajo de parto junto a una joven que, muy alterada, pedía a gritos una cesárea. Cuando el equipo médico se preparó para la cesárea, Fede tuvo que abandonar la habitación y dejar sola a Ana –a pesar de la ley que permite durante el parto el acompañamiento de la mujer por una persona de su confianza (Nº 17.386) –. La joven acabó teniendo un parto natural al lado de Ana y la habitación se convirtió en una sala de partos improvisada.

Ana, finalmente, tuvo un parto por cesárea. Aunque no cree que se debiera sólo a no haber podido relajarse y vivir ese momento como le hubiera gustado, piensa que pudo influir en el hecho de que no dilatara lo suficiente.

Aunque Ana y Fede habían recibido clases de preparación para el parto y conocían sus derechos, como afirma Magnone “es horrible ponerse a negociar en ese momento. Una tendría que ir y relajarse, liberarse y confiar. No podés ir a una batalla”.

Frente a estos obstáculos, cada vez más mujeres optan por dar a luz en su propia casa. “Hay que devolver el parto a las mujeres”, afirma Vera. “Los médicos han estudiado, pero las mujeres conocen su cuerpo y tienen que aprender a escucharlo. Si una embarazada tiene ganas de empujar, ¿por qué le tiene que decir el médico que no lo haga?”.

Vera, al igual que otras parteras, explica que el parto en domicilio es seguro si es de bajo riesgo (normal) y está controlado por personal cualificado. Sin embargo, el Ministerio de Salud Pública (MSP) amenaza con prohibirlo. Lionel Briozzo, subsecretario de Salud Pública, el pasado año afirmó que “si bien las mujeres tienen derecho a elegir dónde parir y nadie les puede prohibir esa elección, el MSP claramente desaconseja los partos en domicilio”. En este sentido, está en discusión un cambio en el reglamento del ejercicio de las parteras, que podría prohibir la asistencia en partos fuera del sistema de salud, limitando aún más las opciones de las mujeres.

Otra de las alternativas que se reclaman es el parto en la atención primaria. Hace un año, el Instituto Perinatal de Uruguay inauguró una casa de partos para asistir nacimientos de bajo riesgo. A pesar de que contaba con todas las condiciones necesarias para garantizar un parto seguro, el MPS no la habilitó porque no contaba con bloc quirúrgico.

La normativa uruguaya reconoce el derecho a un parto humanizado: que garantice la intimidad, respete los tiempos biológicos y psicológicos de las madres y evite la intervención y medicalización injustificada. Con todo, parece muy complicado encontrar estas condiciones en un centro hospitalario.

Según algunas profesionales de la obstetricia, para cambiar esta realidad, no sería necesario hacer grandes inversiones, sino un cambio de actitud y de mentalidad del personal técnico que asiste los nacimientos: hacer que las mujeres sean las protagonistas de su parto y entender el embarazo como un proceso natural que sólo hay que acompañar.


[1] Venezuela. Ley Orgánica, de 19 de marzo de 2007, sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. Artículo 15: Definiciones de las formas de violencia hacia las mujeres.

[2] Organización Mundial de la Salud. Estadísticas Sanitarias Mundiales 2012. Disponible online: http://www.who.int/gho/publications/world_health_statistics/ES_WHS2012_Full.pdf

 

Publicación original en:

De la violencia obstétrica al parto humanizado“. Cotidiano Mujer, Cuaderno 5.  La Diaria, noviembre 2012, Montevideo, Uruguay.

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