Tan juntas y tan solas

Hará algunos meses, estaba con una amiga tomándome un vino en un bar y encontré a un conocido (amigo de un amigo de mi pareja) y me preguntó: “¿Hoy estás sola?” Me quedé con cara de noséqué, miré a mi amiga y le dije: “No, estoy con ella”. Sonrió y dijo: “Bueno, me refería a que no vas con tu novio”.

Es solo una anécdota más, porque podría (podríamos) contar miles. Sin embargo, creo que eso de estar “sola” lo he escuchado más desde que tengo pareja o, quizás, haya sido más evidente para mí. Porque el estar sola es sinónimo de estar sin “él”. Cuando voy con alguna amiga por la noche, sigo estando sola porque él no está.

Después del terrible feminicidio de las dos mujeres que viajaban por Ecuador, leí este comentario que ha ido circulando por las redes sociales:

Las mochileras asesinadas en Ecuador, para los medios masivos de comunicación, “viajaban solas”. Eran dos mujeres, mayores de edad, viajando juntas. Pero sin embargo estaban “solas”. ¿Solas de qué? ¿Falta de quién? Eran dos. Pero como nacieron mujeres, ser dos no les alcanzó. Para no ser “solas”, algo les faltaba… Adivinen qué.

Y es que, aunque estemos juntas, estamos solas.

Salimos a la calle valientes, no vamos a dejar de salir por el peligro que haya (al menos aquí, en este primer mundo que nos parece, más o menos, “seguro”). Pero también pasamos miedo porque sabemos qué peligro hay. Y el peligro, son los hombres. Sabemos que no todos los hombres. Pero lo realmente jodido es que sabemos que puede ser cualquier hombre. Y también, cualquier mujer. Cualquiera de nosotras. Solas, juntas.

Hace poco leí en Facebook o Twitter una frase que decía algo así: Volver a casa por la noche, escuchar pasos detrás, girarte, ver que es una mujer y respirar.

Es muy fuerte. Pero es así. Porque nosotras no tenemos miedo de que nos atraquen. Tenemos miedo a una violación. A una agresión sexual. Y ese es el miedo que tienen también nuestras madres/abuelas/hermanas/amigas cuando nos preguntan si volvemos a casa acompañadas (no importa la edad que tengamos, a mis 31 me lo siguen preguntando).

También es el miedo que tienen muchos padres/hermanos/novios/amigos que nos acompañan a casa porque saben que las mujeres estamos en peligro porque “saben cómo son los hombres”. Sin embargo, la mayor parte de ellos, lo único que hacen es  “protegernos“, acompañarnos a casa y cosas por el estilo… Yo me pregunto: ¿por qué no hacéis algo para que podamos volver solas sin tener miedo? Cosas tan simples como no reir las gracias machistas de vuestros amigos… bueno, o no hacerlas vosotros mismos.

Quisiera que hubiera más hombres capaces de empatizar con estas sensaciones y miedos que tenemos las mujeres. Porque son reales.

Se nos culpa de nuestra suerte cuando viajamos solas (o juntas). Cuando volvemos a casa por la noche sin un acompañante masculino. Y también se nos culpa cuando tenemos miedo y se nos dice aquello de “no todos los hombres”. Entonces… ¿qué hacemos? ¿Nos quedamos en casa o salimos a defender nuestra libertad?

No, no quiero sentirme valiente. Quiero sentirme libre. Libre de caminar por la calle cuando quiera. Pero, desgraciadamente, ante el patriarcado, seguimos solas, compañeras.

Aunque estemos juntas. Conocemos muy bien todos esos peligros que están ahí. Fuera y dentro de casa.

Y nuestra sororidad y empoderamiento, a veces, no basta. Pero son nuestras armas y con ellas lucharemos, dentro y fuera de casa.

Solas, juntas.

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