Unos pocos euros

En España, más de cinco millones de personas estamos en el paro. Se dice pronto: la tasa de desempleo ha llegado al 23,6%. De esta gran parte de la población sin empleo, cuatro de cada diez personas no recibe ninguna prestación ni subsidio.

Nos dicen que luchan por el derecho a la maternidad mientras nos suben las horas de la jornada laboral y nos bajan los sueldos. Nos quitan, además, el derecho a enfermar. Y el despido es más fácil que nunca.

Nos dicen que no va a bajar la calidad en la enseñanza mientras anuncian que han decidido hacinar a más de 30 estudiantes por clase y no sustituir a profesores y profesoras que tengan una baja menor a diez días. Así que el próximo curso, muchos interinos no tendrán empleo.

Entre una cosa y otra… ¡qué aficiones tiene nuestro monarca! Nos enteramos de que el rey se ha ido a cazar elefantes y que se ha gastado un dineral. Una cifra que a mí se me escapa. Que nunca he tenido y que, a este paso, no ganaré ni juntando todos los años de mi vida laboral. Porque soy una de esas jóvenes (ya no tan joven) a punto de marcharse a Laponia.

Al menos, tuve la suerte de poder estudiar una carrera universitaria. Si tuviera que empezar a estudiar el próximo mes de septiembre, no sé si podría hacerlo. Nos van a subir las tasas hasta un 66% porque antes pagábamos muy poco.

Y, ¿cómo esperan que ahora, en estos momentos en el que no tenemos ni dinero ni trabajo, podamos pagar aún más por la matrícula de la universidad?

Penalizarán a estudiantes que suspendan. ¿Y cómo harán para pagar la universidad quienes no tengan beca? Porque son muchas las razones por las que estudiantes de la universidad suspenden asignaturas… una de ellas es que, como tenemos la mala costumbre de comer todos los días, hay quien además de estudiar tiene que trabajar.

Pero bueno, ahora eso ya no será un problema porque tampoco hay empleo…

Nos llamaban generación ni-ni, echándonos la culpa de que no queríamos hacer nada, ni estudiar ni trabajar. Ahora parece que es la única opción que están dando a esta sociedad…

Esta sociedad por la que tanto han luchado (y siguen luchando) esas mujeres y hombres a quienes estamos robando la salud. A quienes se les está bajando las pensiones a través de la sanidad.

Pero seamos realistas, son sólo cuatro cafés a dos euros. Son sólo unos pocos euros…

Unos pocos euros… ¡¡¿comparado con qué?!!

¿Con el sueldo de Rajoy?

¿Con lo que ha pagado el Rey Don Juan Carlos para matar elefantes? Entonces sí que son unos pocos euros…

¡Ay! ¡Qué relativo es todo! Hay quien no tiene dinero para cuatro cafés al mes, mientras que para otra gente irse a cazar elefantes son sólo unos pocos euros.

Son sólo unos pocos euros si lo comparamos con lo que gana el rey al año. Son sólo unos pocos euros si lo comparamos con los sueldos de quienes no han notado la crisis. Con el dinero que se ha llevado la banca causante de la crisis. Con los que se lleva cada año la Iglesia de nuestros impuestos.

Pero no importa el dineral que se haya gastado el rey. Ya ha pedido perdón. Todo olvidado. Es buena gente. Qué gesto de humildad. Con esa voz temblorosa y esa mirada triste pidiendo perdón al pueblo…


Por si todo esto fuera poco, para que permanezcamos en silencio y aceptemos cada uno de sus abusos de poder, intentan criminalizar nuestras protestas en la calle. Y aún hay más: anuncian que volverán a controlar la radio y la televisión pública. Porque, por lo visto, también son medidas para acabar con la crisis.

Todo esto en un par de semanas.

Anuncios

El aire de la calle

Estoy en una sala de color rojo. La música está muy fuerte. Esto no parece una oficina normal. Se va juntando cada vez más gente en esta sala. Hace calor. Nos miramos intentando hacer que no nos miramos. Disimulamos las miradas. Pero pensamos lo mismo. Sabemos que esto no pinta nada bien. Nos llaman de uno en uno. Mientras, el resto, espera que llegue su turno.

Sabemos que de ahí no va a salir nada. Pero estamos con nuestro currículum y la esperanza de que no sea una oferta de empleo basura.

Pienso en si alguien pensará que somos rivales. En si, de verdad, alguien pensará en que es una oferta de empleo de verdad importante.

Yo repaso, una a una, las caras de cada persona. La ropa. La ropa que eligieron para la entrevista de trabajo. Cómo llevan su currículum. Las zapatillas. Los zapatos. El folio doblado. El optimismo. El cansancio. La resignación. La desgana.

No somos rivales. Estamos en el mismo barco. En el de las personas en búsqueda de lo que sea, de lo que salga.

Y sé, que cada una de esas personas –yo también- vale mucho más que ese puesto fantasma. Me río por dentro. Me río por no llorar.

Mientras tanto, fuera, en las calles, jóvenes protestan por la carga policial a menores que el día anterior se manifestaron por los recortes en educación. Me crucé la manifestación mientras iba a la entrevista. No había mucha gente, pero parecía que se iban uniendo cada vez más personas.

¿Qué mundo es este?

Apunto en un formulario mis datos personales. Mis estudios. Mis últimas experiencias.

Me recuerda a los formularios que rellenaba cuando aún era estudiante y buscaba un trabajillo para sacarme algo de dinero.

Ahora tengo 27 años. Una licenciatura que parece que no sirve absolutamente para nada y un máster que nadie valora. He trabajado en Valencia, en Madrid, en Bologna, en la sierra de Salamanca. Me he adaptado a trabajos y funciones muy diversas. He colaborado y colaboro con asociaciones y publicaciones sociales y sigo buscando nuevos proyectos de los que formar parte.

Salgo a la calle a protestar por las cosas que creo injustas. Protesto por Internet. Me quejo.

Me da igual ya que mis opiniones se sepan de forma clara. Hace tiempo que dejé de creer que los periodistas y las periodistas no podemos tener un punto de vista y una opinión. Me da igual si no me contratan en un puesto de trabajo por mi opinión, por mi activismo, por mis ganas de luchar contra una situación social que nos está ahogando.

En estos momentos, las ideologías han trascendido. Ahora luchamos por el derecho a vivir. Pan, casa, destino, camino.

El aire se hace irrespirable en esta sala roja. La cristalera está sucia. Una chica rubia y alta que trabaja en esa extraña empresa sonríe a cada persona que entra. Preguntan por Sara. La música está muy fuerte. Ella canta. Los Cuarenta Principales a todo volumen.

Parece que la espera va para largo. Abro el libro que llevo en el bolso y empiezo a leer. No consigo concentrarme con esa música. Con esa atmósfera asfixiante.

Por fin me llaman. Me llevan a una sala casi vacía. Sólo una mesa y un portátil. Un hombre me intenta explicar de qué va el trabajo. No habla muy bien español y casi no consigo entender sus palabras. Coge mi currículum. Es la primera vez que lo ve. Casi no le presta atención. No importa el tiempo que dedicara a elaborarlo.

Me explica cosas que no tienen sentido. Me hace preguntas que no tienen sentido. Habla de crecimiento, de avanzar en la compañía. Me habla de la factura de la luz. De la energía. De ahorrar dinero. Escribe por detrás de mi currículum y me hace un esquema del funcionamiento de esa empresa. Una empresa que no se dedica a nada. Me habla de tener una empresa propia en seis meses. Le pregunto sobre mis funciones y sobre el puesto de trabajo que supuestamente están ofreciéndome. Habla. Habla. Habla sin parar. No dice nada.

Me llamará sobre las siete de la tarde para decirme si he sido seleccionada. De ser así, mañana tendría una prueba que durará todo el día.

A mí no me importa. Sabía de antemano que era una oferta trampa. Otra oferta más en la que hablan de comunicación cuando quieren decir comercial sin sueldo ni oficina.

Me marcho sonriente. Por dentro, tengo ganas de llamarles de todo. De gritar.

Salgo de aquel despacho vacío. Miro a toda la gente que está en la sala de espera. Me dan ganas de decirles: no perdáis vuestro valioso tiempo, salid a la calle. Por lo menos, hay aire.

Me voy. Sonrío a aquella mujer rubia que cantaba.

Salgo a la calle y respiro por fin. Con ganas de llegar a casa, ponerme cómoda y descansar. Al llegar a casa, en Internet hablan de la manifestación que me crucé al medio día. Parece que se ha convertido en multitudinaria.

Acaba de sonar el teléfono. Parece que me han seleccionado. No tengo un duro. Pero aún me queda algo de dignidad para ir tirando.

La gente sigue manifestándose. Y seguiremos haciéndolo.

Todo mi apoyo a los menores, jóvenes, familias, profesores y profesoras que se han manifestado. A veces, tengo la sensación de vivir todo esto como si fuera mentira…

Para quien no sepa muy bien de qué va el tema de la manifestación: #IESLluisVives


El voluntariado y el empleo

Somos muchas las personas que, en algún momento de nuestra vida, hemos hecho voluntariado o hemos dedicado parte de nuestro tiempo libre a una causa que creemos importante. Es una forma de trabajar que requiere ganas, tiempo y mucha motivación personal. Las personas que son voluntarias, lo son porque creen en un mundo diferente y quieren ayudar a cambiar la realidad, luchar por sus ideas y aportar a la sociedad aquello que pueden dar… y, también, porque cuentan con unas circunstancias vitales que les permite poder hacer esto.

Sin embargo, de ahí a pensar que los servicios públicos se pueden cubrir con el trabajo voluntario de la gente, me parece un insulto a toda la ciudadanía y, sobre todo, a aquellas personas que son voluntarias. Además de ser algo muy, muy, muy peligroso.

Las personas que trabajamos de forma activa para que se cumplan los derechos humanos, sea de la forma que sea (remunerada o no), también luchamos por los derechos laborales básicos. Queremos tener derecho a un trabajo digno, que nos permita desarrollar nuestra vida personal y profesional, nuestro ocio y nuestro tiempo libre. Queremos poder tener vacaciones y tener el suficiente dinero para vivir de una forma digna -llegar a fin de mes, vaya-. Poder tener una enfermedad de vez en cuando. O ser padres o madres sin que se nos eche a la calle. Queremos tener tiempo para nuestros hijos o hijas.

La mayoría de organizaciones sin ánimo de lucro luchan, de una u otra forma, para que se cumplan los derechos humanos. Y, esto, es imposible sin respetar el derecho al trabajo. Por ello, intentan valorar al máximo el trabajo que hacen sus voluntarios y voluntarias, pero nunca aprovecharse de ellos. Porque –aunque esto no sea siempre así-, el trabajo del voluntariado nunca debería suplantar puestos de trabajo.

¿Qué pasaría si los servicios públicos empezaran a cubrirse con voluntarios y voluntarias? En primer lugar, una persona voluntaria no sólo se dedica al voluntariado. Tal vez nos gustaría, pero tenemos la mala costumbre de querer comer de vez en cuando, por lo que no podemos dedicarnos eternamente ni a trabajar gratis, ni hacerlo 8 horas al día. Es evidente que las carencias que habría en los servicios públicos serían enormes porque a una persona voluntaria no se le puede exigir la disponibilidad que supone un trabajo remunerado.

Por otra parte, suplantar puestos de empleo con voluntariado es una completa barbaridad. Despidos, más paro, más recortes. Va en contra de los principios del voluntariado, de los derechos laborales básicos y de nuestra democracia. Y, mientras tanto, seguimos enterándonos de casos de corrupción, de sueldos millonarios, de políticos que suman sueldos de mil trabajos que hacen a la vez (sus días deben de tener más horas que las nuestras).

Pero parece que Ana Botella cree que sus recortes se pueden compensar con más trabajo gratis. No basta con que haya despidos masivos, familias que se estén quedando en la calle, jóvenes que ya no son tan jóvenes y siguen encadenando contratos basura, becas y paro sin una esperanza de futuro. No. Ahora tenemos que devolver a nuestra sociedad todo lo que nos ha dado trabajando gratis.

Desde luego, daré gracias siempre por haber tenido la suerte de nacer en el país en el que he nacido, el haber podido estudiar, formarme y que, a pesar de todas las dificultades, nunca me haya faltado nada para comer.  Sin embargo, ahora mismo, sólo quiero poder trabajar y ganarme el pan con mi trabajo. ¿Es mucho pedir? Ni si quiera quiero comprarme una casa, ni un coche, ni grandes lujos.

Tengo 27 años y quiero independizarme. Tener para pagarme un alquiler modesto y poder avanzar en mi vida. Sentir que, con mi trabajo, estoy contribuyendo a crear una sociedad mejor. Quiero contribuir con mis impuestos a que las personas que llevan trabajando toda la vida puedan tener una jubilación digna. Quiero poder jubilarme en algún momento. Quiero poder contribuir con mis impuestos a tener una sanidad y una educación mejor. Un transporte público mejor. Quiero poder invertir en igualdad de oportunidades. En servicios sociales. En investigación. En cooperación. En desarrollo. Quiero que no se vaya a la mierda todo el esfuerzo que han hecho tantas personas para llegar hasta aquí.

Y, eso, sí es devolver a la sociedad todo lo que me ha dado. Pero para eso, necesito un empleo.

#gratisnotrabajo


La revolución que no esperaban…

Quién le iba a decir a Zapatero hace unos años que, siendo Presidente de España, se iba a crear toda esta revolución social y que se iban a montar manifestaciones históricas y multitudinarias. Fuimos muchas las personas que nos alegramos de que fuera elegido Presidente y que confiamos en sus ganas para mejorar nuestra realidad. Y así fue durante los primeros años.

Pero luego llegó la crisis y todo empezó a desvanecerse. Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana. El amor y, por lo visto, también los ideales y principios políticos que llevaron a al PSOE al Gobierno. Aquel ministerio de Igualdad que era una prioridad, pasó a ser otra cosa. Las ayudas sociales empezaron a convertirse en recortes sociales. El paro creció y creció cada vez más. La juventud precaria con contratos basura llegó a tener 35, 36, 37 años. El paro juvenil superó el 40% a nivel nacional y superó el 50% en la Comunidad Valenciana. El número de hogares sin ningún ingreso alcanzó la increíble cifra de 1.386.000. El diálogo con los sindicatos acabó siendo, una vez más, una compraventa de ideales y principios.

Y después llegó el #15m.

Paul Hanna - Reuters

Nadie esperaba que tantas y tantas personas salieran a la calle -o, más bien, a las plazas-. Y que, además, sue se quedaran ahí durante días y días. Que se fuera sumando cada vez más gente y cada vez en más ciudades. Y en diferentes países. Se contagian los sueños, la alegría y las ganas de hacer algo. De movernos de verdad.  Lo cierto es que muchas personas que llevan tiempo trabajando para cambiar las cosas, pero la magnitud que ha alcanzado esto era impensable. De una manifestación de la que pasaron los “grandes medios” españoles, hemos acabado protagonizando portadas internacionales, como  La Repubblica, The Washington Post o Le Figaro.

Durante estos días, me he quedado embobada mirando la Puerta del Sol a través de esta gran ventana que es Internet. Una vez más, se ha visto cómo los medios de comunicación pueden utilizarse para hacer democracia, para mover a la ciudadanía y para hacerle reflexionar de verdad (o lo que ha pasado a llamarse #periodismoreal). De repente, pequeños (pero muy grandes) medios como Periodismo Humano, estuvieron al pie del cañón desde el principio y demostraron que otro periodismo era posible, consiguiendo además que su número de visitas se multiplicara y fuera creciendo más y más en pocas horas. Apareció SolTv, que nos ha mostrado en directo y sin interrupciones que la gente no se va, que sigue ahí, luchando de forma pacífica. Gracias a Twitter y Facebook la gente ha seguido organizándose, informando, publicando y moviendo imágenes que ya han hecho historia.

Foto de Jacobo Menéndez, o aquel desconocido que acabó siendo portada de El País

Los grandes medios no tuvieron más remedio que hacerse eco de todo lo que está pasando y reposicionarse. A pesar de que hayamos podido escuchar burradas, como que este tipo de joven que se manifiesta se queja de vicio porque puede irse a Londres por 30 euros, las ciudadanas y ciudadanos han dicho las cosas alto y claro (gracias, Cristina).

Su organización, improvisada porque nadie esperaba esta respuesta multitudinaria, es de admirar. Las plazas de la relexión son la muestra de que la gente no duerme y que una cosa es que no confíe en la política que existe en estos momentos y, otra muy distinta, que no crea en la política y en la democracia.

J.M. Martín - 20 Minutos

Una de las cosas que más me llena de ilusión es que el feminismo haya mostrado que está ahí y que es parte IMPRESCINDIBLE de la revolución. Sin feminismo no hay revolución. Y, cómo no, también se han escuchado muchas voces contrarias y quejicas, porque parece que todo lo que tenga que ver con “feminismo” siempre escuece un poco. Cada vez que alguien se molesta por escuchar feminismo, pienso que sigue sin conocer su verdadero significado. En todas las asambleas se ha hablado de democracia real y de participación ciudadana. Nada de eso es posible sin igualad de género. Y ahí está la gran pancarta: “La revolución será feminista o no será”.

Tengo mil sensaciones encima y todo esto me está devolviendo la esperanza. Como tantas y tantas personas de mi generación, no me siento una ni-ni. No lo soy. Es increíble que nos hayan echado la culpa de haber podido estudiar y tener unas comodidades que no tuvieron nuestros padres y madres y, mucho menos, nuestras abuelas y abuelos. Es increíble que ahora nos acusen de poder haber disfrutado de todo lo que las generaciones anteriores habían querido para nosotras y nosotros y que con tanto esfuerzo consiguieron. Ahora, sabemos que el presente que tenemos y que el futuro que nos espera no será, ni mucho menos, más fácil que el de hace 20 o 40 años. Porque nos lo han quitado. Nos bautizan como generación perdida o nini y nos acusan de pasar de la política, de no comprometernos socialmente, de ser pesimistas y antisistema.

Paul Hanna - Reuters

Ahora, hemos demostrado que somos el motor de cambio que esta sociedad necesita. Que no se puede hablar de “antisistema” cuando estamos pidiendo una democracia de verdad. Nos movemos y llevábamos mucho tiempo moviéndonos. Ahora lo hemos demostrado en grupo, en multitud. Y, si el 15 de mayo la mayoría de manifestantes eran jóvenes, la juventud de este país ha conseguido movilizar a todas las generaciones. Porque esta revolución es de hombres y mujeres de todas las edades. Porque esta situación nos afecta de verdad a toda la sociedad…

Desde Italia, todo se ve muy, muy grande… y las ganas que tengo de estar allí son enormes. No sé cómo se sentirán todas las personas que están viviendo este movimiento en las calles, pero yo lo siento como algo realmente importante. No sé si todo esto dará resultados concretos y reales (espero con toda mi alma que sí), pero ya hemos hecho mucho.

Desde luego, lo que no creíamos era que esta lección al mundo se extendería como se está extendiendo. En países como en el que vivo ahora, creo que la clase política y los medios empiezan a tener miedo. Lógicamente, en la televisión del señor Berlusconi no he conseguido ver casi nada de lo que está pasando en España. La mayoría de la gente a la que le he preguntado si sabían algo la revolución española me ha dicho que no o que sólo habían oído algo.  Aún así, la gente empieza a organizarse y en los últimos días, ya se han convocado asambleas y acampadas en algunas de las grandes ciudades de Italia. Parece que cada vez se unen más personas…

Democracia Real Ya llega a Italia. Primera asamblea en Bologna, 20 de mayo de 2011

Independientemente de lo que pase hoy, esta crisis económica y política va mucho más allá de unas elecciones. Queda mucho trabajo por hacer y espero que este espíritu de cambio dure por mucho tiempo…


Por fin… estamos de revolución!

La ciudadanía española no podía permanecer por mucho tiempo callada. El descontento social generalizado y la desconfianza en los partidos políticos y sindicatos tenía que explotar tarde o temprano. Y lo ha hecho. De forma pacífica, plural y en un momento más que imprescindible.

Desde Italia, estoy emocionada viendo las imágenes que llegan desde España, sobre todo, a través de facebook y twitter.

Me sumo a la #spanishrevolution !

Estoy segura de que nuestra revolución está sirviendo para algo…


Cuando la crisis traspasa lo económico

No soy una experta en economía. No sabría dar una propuesta milagrosa a esta crisis (¿cómo voy a dar una solución? ¡Si no la tienen ni los sindicatos, ni la clase política, ni nadie!). Sin embargo, estoy sufriendo sus efectos y viendo cómo  nos está machacando. Como todo en esta vida, hasta que las cosas no te llegan a ti no eres consciente de lo jodidas que son. Podemos ponernos en el lugar de muchas personas, pero cuando las vivimos, la perspectiva cambia mucho.

Puedo intentar ponerme en la situación de las funcionarias y funcionarios a los que les han bajado su sueldo o en la de las personas a las que les echaron del trabajo teniendo una familia que mantener, pero no lo he vivido. Mi perspectiva es la de una joven parada más (y sobradamente preparada) que se está quedando cada día con los ánimos más bajos porque no hay forma de encontrar trabajo.

Soy de esa generación cero que de “ni-ni” no tiene nada. Hemos estudiado, nos hemos formado, hemos hecho prácticas para poder tener experiencia a la hora de llegar a un puesto de empleo. Colaboramos con asociaciones, colectivos y ONG, trabajamos gratis, hacemos cursos de formación complementaria, nos planteamos hacer otras carreras o un máster, estudiamos en el extranjero para conocer idiomas… pero cuando llega la hora de cobrar, de tener un sueldo digno y acorde a nuestra preparación, no nos dan nada.

Creemos que, como estamos en crisis, tenemos que aceptar cualquier cosa que nos ofrezcan y dar hasta las gracias (¡como si nos estuvieran haciendo un favor!). Hay días que lo llevas mejor, otros te sientes invisible para el mundo, para la sociedad. Lo peor de todo es que esta crisis acaba afectando mucho a tu autoestima y, a su vez, a tus propias capacidades.

Van pasando los días, las semanas, los meses y la cosa no mejora. Y, dejadme que os diga algo: estamos en el paro, pero no paramos nada. Cada día es empieza la peregrinación del currículum, de los cursos, de los certificados, de las solicitudes… y todo eso, se une al estrés y el desgaste mental de no encontrar nada. De que nadie te valore. De no saber dónde va tu vida. De que tus años de prácticas no hayan servido para nada (incluso en el INEM te los cuentan como cursos de formación y no como experiencia laboral) y no te ayudan a encontrar un empleo. Casi (o sin el casi) no nos conocen en la Seguridad Social, porque no conseguimos que nos hagan un contrato normal, cosa que ya parece un privilegio más que un derecho. Así que, a pesar de no haber parado en toda nuestra vida, no tenemos derecho a cobrar el paro.

Lo de alargar la edad de jubilación se está convirtiendo en una necesidad. No estoy de acuerdo con ello, pero claro… si hasta los 30 (o más) no conseguimos cotizar, sólo hay que echar cuentas. ¿Cómo vamos a mantener el país? ¿Cómo vamos a cobrar una pensión de jubilación medio decente? Y yo, que vuelvo a reconocer que no sé mucho de economía, me pregunto: ¿Por qué no crean medidas para que la gente se incorpore antes al mundo laboral? ¿Por qué no obligan a todas las empresas e instituciones públicas que hacen contratos de prácticas a dar de alta en la Seguridad Social a las personas que contratan?

Pero nada, aquí sólo veo recortes y recortes. Y lo de ser mileurista para mí es un sueño. Lo de hipotecarme, por supuesto, no entra en mis planes ni a largo plazo… Con un poco de suerte, algún día, me podré volver a pagar un alquiler. Hasta entonces, aquí estoy. Sin posibilidad de irme de casa, de tener vacaciones y, mucho menos, de hacer viajes. Así que este verano será igual que los últimos meses. Continuaré con la peregrinación del currículum intentando mantenerme en pie como pueda. Intentando que esta crisis además de acabar con mi dinero, no acabae también con mi energía. Porque para seguir adelante hacen falta sueños, proyectos y esa autoestima imprescindible para poder llevarlos a cabo.


Manifiesto en contra de la supresión del Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha

Las personas, asociaciones y organizaciones que suscribimos este manifiesto expresamos nuestro rechazo y preocupación:

El Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha ha sido suprimido tras la reestructuración realizada en el gobierno por José María Barreda el pasado mes de Mayo.

1. El argumento económico

No nos satisface el argumento de supresión del Instituto de la Mujer como medida para recortar gastos, es una justificación inconsistente teniendo en cuenta que el ahorro de la totalidad de la remodelación llevada a cabo se eleva a 90 millones de euros, lo que supone un 0’9 del presupuesto total y si realmente se tuviera voluntad de emprender medidas de ahorro, existen otras, como por ejemplo las indicadas por los Sindicatos UGT y CC.OO consistentes entre otras, en recuperar el Impuestos de Patrimonio y Sucesiones, este segundo cedido a las Comunidades Autónomas y combatir de forma efectiva la economía sumergida y el fraude fiscal. Todo ello en la línea de preservar el estado de bienestar social como factor de crecimiento y de cohesión social.

2. Persiste la necesidad de su mantenimiento

El Instituto de la Mujer se creó con una finalidad precisa y tras una valoración de la realidad social que no se ha visto superada, por ello, su desmantelamiento debe desconcertar a todas las personas que trabajamos día tras día por una sociedad más libre e igualitaria. Así podemos leer:

“A pesar de todos los avances hacia la igualdad que han conseguido las mujeres de Castilla-La Mancha en los últimos años, quedan todavía factores y situaciones de discriminación que las Instituciones han de contribuir a superar.

Con la finalidad de promocionar y fomentar las condiciones que posibiliten la igualdad entre mujer y hombre en todos los ámbitos de la vida, se crea el Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha, concebido como un Organismo Autónomo con personalidad jurídica propia”.

Estos razonamientos que se esgrimían en la Exposición de Motivos de la Ley 22/2002 de 21 de noviembre, como justificación para la creación del Instituto de la Mujer de CLM, que entonces era una Dirección General, Dirección General a la que se nos relega nuevamente con esta remodelación, siguen siendo totalmente vigentes.

3. Importancia del significado simbólico

Esta supresión tiene un significado simbólico nada desdeñable por cuanto de devaluación, de desconsideración hacia las políticas de igualdad de mujeres y hombres, hace bueno aquello que se denuncia por las Organizaciones Internacionales como UNIFEM “En tiempos de turbulencia económica, las mujeres experimentan las consecuencias negativas con mayor rapidez y se benefician de la recuperación más lentamente”.

4. Pérdida de autonomía y visibilización

La eliminación del Instituto de la Mujer supone una pérdida de poder, de autonomía, de relevancia en la toma de decisiones, sin mencionar también que en el camino de este proceso de reestructuración se quedan mujeres con un bagaje y una experiencia necesaria para los retos todavía pendientes. Con la desaparición del Instituto de la Mujer se pierde visibilización de las políticas igualitarias en unos momentos en los que estamos ante una durísima ofensiva contra las mismas por parte de los sectores más conservadores y reaccionarios, que hace necesario justamente todo lo contrario, es decir, un fortalecimiento de este organismo autónomo y de sus políticas transversales de igualdad.

5. Falta de importancia que el gobierno regional concede a las políticas de igualdad

Finalmente, dicha medida demuestra lo lejos que está nuestro gobierno regional de haber integrado la transversalidad de género a su discurso y política diaria, transversalidad que no se puede entender como apéndice de nada ni nadie sino como implementación del conjunto, y para ello, no nos llamemos a engaño, las mujeres y los hombres progresistas necesitamos políticas fuertes y autónomas.

En dicha línea es un error incluir las políticas igualitarias en una Consejería junto con Empleo y Juventud, el grado de desarrollo y atención se minimiza, se reduce a un tercio algo que contradice el discurso del presidente cuando en “Gobernar contando con las mujeres y los jóvenes”, reconocía que “las mujeres, por ser la mitad de la población regional, (1.029.644), y, la juventud, que será protagonista de nuestro futuro, son las destinatarias de gran parte de la acción política del gobierno. Con la mirada puesta en que todas las actuaciones, planes y medidas que el Ejecutivo ponga en marcha tengan en cuenta a mujeres y jóvenes, los Institutos de la Mujer y de la Juventud están integrados en la Consejería de la Presidencia del Ejecutivo Autonómico”.

¡Súmate a esta acción colectiva en defensa del Instituto de la Mujer de CLM! En defensa de los organismos de igualdad!

Firma el manifiesto

Más información: Ante la supresión de los organismos de igualdad