(e/in)migraciones

Somos hijas, nietos, nietas de emigrantes. De inmigrantes. De personas que viajaron para poder sobrevivir. Mi abuela nació en Francia cuando su madre y su padre se fueron allí a vendimiar. Después, volvieron al pueblo, a Salamanca. Pero la vida no era nada fácil. En tiempos en los que sólo existían las cartas y las distancias eran mucho más lentas y difíciles, mi abuela, con 14 años, se fue sola desde un pueblecito de Salamanca a Valencia.

Son  historias con las que hemos crecido y que parecían lejanas. ¿Quién no ha escuchado hablar sobre tío que se marchó a Cuba y nunca más se supo de él?

Ahora, mi generación, la generación perdida, escapa también de este país. Afortunadamente, tenemos muchos medios para seguir manteniendo el contacto con las personas que queremos, estén en el lugar que estén. Pero, evidentemente, el miedo y la soledad siguen pesando en la distancia. Emigrar, irse lejos, no es nada fácil y, además, hacen falta recursos para ello.

Somos descendientes de emigrantes. Personas que llegaron a algún lugar siendo inmigrantes. Trabajaron duro para volver a España, para mantener una familia, para seguir adelante. Ahora, mi abuelo, que trabajó desde los siete años, me mira diciéndome que la juventud de ahora tiene las cosas complicadas. Dice que su generación fue de mal a bien y que la nuestra va de bien a mal.

Yo, como tanta otra gente, estoy a punto de irme con lo puesto a la otra punta del mundo. Aún no sé muy bien qué será de mí, ni dónde acabaré. Pero me voy.

Me está asfixiando este aire. Desde hace mucho. Mucho tiempo. Estoy agotada. A mis 27 años estoy agotada. Y quiero coger la energía que me queda para irme lejos, para empezar, para buscar, para encontrar, para conocer y para vivir.

Voy a ser emigrante. Voy a ser inmigrante. Como miles y miles de personas de este país. De este país que está negando la sanidad a quienes vinieron aquí buscando una salida a una situación complicada. Seguramente, bastante más que la mía. Pero la hipocresía es así. Seguramente, quienes niegan la sanidad a personas inmigrantes tienen la suerte de poderse pagar un seguro privado. Estén en España o fuera de España.

Pero, quizás, no se den cuenta de que pueden pagarse ese seguro privado gracias al trabajo y el esfuerzo que hicieron muchas y muchos españoles que migraron en los años 40, 50 y 60. Quizás, no se den cuenta de que todas las personas, en todos los lugares, alguna vez en la vida, tienen que emigrar. Moverse, luchar y pelear para salir adelante. Para poder vivir.
Voy a ser inmigrante. Soy española. Soy europea. Soy blanca. De clase media y con estudios. Voy a ser inmigrante. En algún lugar de este mundo, voy a ser inmigrante.

Hasta ahora, nunca me ha faltado la comida, la casa y la ropa. Pero con 27 años no puedo empezar una vida independiente. Estoy cansada. Harta. Harta de esa gente que quita la salud a quienes vinieron aquí a buscar una salida. Harta de esa gente que quita la salud a personas migrantes porque simplemente creen que no merecen vivir.

Y no me pongan excusas. Es así. Creen que no tienen derecho a vivir. Aquí no les dejan ir al médico y lo único que quieren es que vuelvan al lugar del que vinieron. No les importa si huían de una guerra, de la violencia o del hambre. Simplemente, aquí, les sobran. A pesar de que abran las fronteras al capital. El dinero puede pasar, pero las personas se tienen que quedar fuera.

Es gracioso que nos manden a Laponia mientras no les importa un carajo la vida de las personas que vinieron aquí haciendo lo mismo que hicimos y que estamos haciendo tantas personas españolas.

Pero, no os preocupéis. Algún día, nos encontraremos camino de Laponia.

Anuncios

Unos pocos euros

En España, más de cinco millones de personas estamos en el paro. Se dice pronto: la tasa de desempleo ha llegado al 23,6%. De esta gran parte de la población sin empleo, cuatro de cada diez personas no recibe ninguna prestación ni subsidio.

Nos dicen que luchan por el derecho a la maternidad mientras nos suben las horas de la jornada laboral y nos bajan los sueldos. Nos quitan, además, el derecho a enfermar. Y el despido es más fácil que nunca.

Nos dicen que no va a bajar la calidad en la enseñanza mientras anuncian que han decidido hacinar a más de 30 estudiantes por clase y no sustituir a profesores y profesoras que tengan una baja menor a diez días. Así que el próximo curso, muchos interinos no tendrán empleo.

Entre una cosa y otra… ¡qué aficiones tiene nuestro monarca! Nos enteramos de que el rey se ha ido a cazar elefantes y que se ha gastado un dineral. Una cifra que a mí se me escapa. Que nunca he tenido y que, a este paso, no ganaré ni juntando todos los años de mi vida laboral. Porque soy una de esas jóvenes (ya no tan joven) a punto de marcharse a Laponia.

Al menos, tuve la suerte de poder estudiar una carrera universitaria. Si tuviera que empezar a estudiar el próximo mes de septiembre, no sé si podría hacerlo. Nos van a subir las tasas hasta un 66% porque antes pagábamos muy poco.

Y, ¿cómo esperan que ahora, en estos momentos en el que no tenemos ni dinero ni trabajo, podamos pagar aún más por la matrícula de la universidad?

Penalizarán a estudiantes que suspendan. ¿Y cómo harán para pagar la universidad quienes no tengan beca? Porque son muchas las razones por las que estudiantes de la universidad suspenden asignaturas… una de ellas es que, como tenemos la mala costumbre de comer todos los días, hay quien además de estudiar tiene que trabajar.

Pero bueno, ahora eso ya no será un problema porque tampoco hay empleo…

Nos llamaban generación ni-ni, echándonos la culpa de que no queríamos hacer nada, ni estudiar ni trabajar. Ahora parece que es la única opción que están dando a esta sociedad…

Esta sociedad por la que tanto han luchado (y siguen luchando) esas mujeres y hombres a quienes estamos robando la salud. A quienes se les está bajando las pensiones a través de la sanidad.

Pero seamos realistas, son sólo cuatro cafés a dos euros. Son sólo unos pocos euros…

Unos pocos euros… ¡¡¿comparado con qué?!!

¿Con el sueldo de Rajoy?

¿Con lo que ha pagado el Rey Don Juan Carlos para matar elefantes? Entonces sí que son unos pocos euros…

¡Ay! ¡Qué relativo es todo! Hay quien no tiene dinero para cuatro cafés al mes, mientras que para otra gente irse a cazar elefantes son sólo unos pocos euros.

Son sólo unos pocos euros si lo comparamos con lo que gana el rey al año. Son sólo unos pocos euros si lo comparamos con los sueldos de quienes no han notado la crisis. Con el dinero que se ha llevado la banca causante de la crisis. Con los que se lleva cada año la Iglesia de nuestros impuestos.

Pero no importa el dineral que se haya gastado el rey. Ya ha pedido perdón. Todo olvidado. Es buena gente. Qué gesto de humildad. Con esa voz temblorosa y esa mirada triste pidiendo perdón al pueblo…


Por si todo esto fuera poco, para que permanezcamos en silencio y aceptemos cada uno de sus abusos de poder, intentan criminalizar nuestras protestas en la calle. Y aún hay más: anuncian que volverán a controlar la radio y la televisión pública. Porque, por lo visto, también son medidas para acabar con la crisis.

Todo esto en un par de semanas.


Entre la esperanza y el miedo

Llevo varias noches (por no decir unas cuantas) en las que no consigo descansar. Es como si las sábanas me molestaran, como si no pudiera estar tumbada y relajarme. Como si tuviera que levantarme y salir corriendo. Nunca había sentido de esta forma que este no es mi lugar. Que este no es el lugar en el que quiero estar. Creo que el miedo también me está alcanzando.

No es para menos. Parece que “miedo” es la palabra más repetida últimamente, después de “crisis”, claro. No paramos de escuchar eso de que lo peor está por llegar y que no hay más remedio que sufrir lo que está pasando, resignarse y tirar como se pueda.

Mientras tanto, otras personas intentan (intentamos) pensar en soluciones alternativas a esta resignación que no nos lleva a ninguna parte. De esta crisis están naciendo proyectos diferentes que no tienen como objetivo seguir creciendo de forma infinita para ganar y ganar más dinero. No hace falta ser economista para caer en la cuenta de que un sistema basado en consumo, tarde o temprano, se tiene que agotar. Ayer, en una entrevista de Anatxu Zabalbeascoa publicada en El País, la socióloga Saskia Sassen decía en una  que nuestro sistema ya es otro desde hace tiempo, “parece una continuación del antiguo, pero no lo es” porque “el salario del trabajador ya no permite mantener el consumo”.

Algo parecido decía José Luis Sampedro en la entrevista que le hizo Jordi Évole en Salvados: El sistema capitalista fue muy útil en su momento, pero ahora se ha agotado. La iglesia, la política y la economía, las instituciones sobre las que sustenta nuestra sociedad actual, están atrasadas.

Con una lucidez increíble, nos transmitía la serenidad de un pensamiento complejo y sencillo a la vez, lleno de lógica y humanidad. Nos planteaba preguntas y una forma de razonamiento pausado que, hoy en día, se echa en falta. En twitter, el lugar de las ideas grandes en espacios breves y veloces, se empezaron a recopilar con emoción algunas de sus frases llenas de sabididuría.

¿Qué tenemos que hacer? ¿Cuál es la solución? ¿Por dónde empezamos a crear una nueva sociedad?

De momento, parece que las personas que están arriba no están dando pie con bola. Esta crisis debería ser el inicio de un nuevo sistema más justo, adaptado a nuestros tiempos y todas las cosas que hemos conseguido durante siglos. Un sistema que tuviera en cuenta el logro más importante de nuestra historia: el reconocimiento de los derechos humanos.

Sin embargo, parece que todo lo que hemos conseguido está ahora entre la espada y la pared. A nadie le gusta esta situación, pero quienes tienen el poder llevan más de tres años poniendo parches para que este sistema siga vivo, cueste lo que cueste.

En poco tiempo, los pilares de nuestras democracias parece que se van al traste. Recortes en educación y sanidad, copago en justicia… Ni hablar de los avances de los últimos años en cooperación e igualdad de oportunidades. Estos son grandes lujos que no nos podemos permitir.

Vivimos en la era de las comunicaciones y la libertad de expresión cuenta hoy con más vías que nunca para manifestarse. Sin embargo, también parece que da miedo a todas las fuerzas políticas. En lugar de aprovechar las miles de posibilidades que tiene hoy Internet, sólo ponemos límites porque la libertad de pensamiento es algo que, aún, asusta.

Y, por otra parte, el periodismo es una de las profesiones peor pagadas y valoradas de nuestra sociedad. Yo he perdido la cuenta de los periódicos y medios de comunicación que en nuestro país han cerrado en los últimos meses o amenazan con hacerlo próximamente. Además de los recortes, los sueldos basura, las prácticas no remuneradas y el dar gracias por colaborar en algunos medios de comunicación.

¿Qué consecuencias tiene todo esto a largo plazo? Ya no se trata “solo” de la reducción de sueldos y el despido de muchas personas, sino de que estamos perdiendo servicios y derechos básicos que, hasta ahora, considerábamos intocables.

Me hace mucha gracia que, desde el poder, se hable de que estamos en tiempos difíciles pero que muy pronto nos recuperaremos. Sí, tal vez la economía se recupere, pero ¿a qué precio? ¿Cómo seremos dentro de diez años? ¿Dentro de veinte? A mí esto sí me da miedo, me da mucho miedo.

Pero no quiero hacer más apología del miedo. No quiero ser más catastrofista. Todo lo contrario. Creo que es el mejor momento para cambiar las cosas. Para transformar nuestra realidad. Para buscar otro sistema que nos ayude a vivir con dignidad. La ciudadanía no está dormida. Lo hemos demostrado en Internet y en las calles. Gente de países bien diferentes se han manifestado en las plazas de todo el mundo pidiendo un sistema diferente y una democracia más justa. Un sistema que tenga en cuenta a las personas, las necesidades de la gente y no las de los bancos.

Rajoy ya ha asumido que va a haber una huelga general en España. Increíble, antes de dar a conocer su reforma laboral ya sabe que una gran parte de la sociedad española no va a estar de acuerdo. Pero… ¿él no nos representa? ¿No tiene que luchar él por nuestros intereses?

En fin, yo no sé si habrá o no una huelga general, lo que sí que tengo claro es que tenemos dos posibilidades: vencer el miedo y buscar alternativas o dejar que esta inercia nos lleve a un suicidio colectivo.

“El miedo a lo que podría pasar hace que se acepte lo que está pasando”. José Juis Sampedro.


El voluntariado y el empleo

Somos muchas las personas que, en algún momento de nuestra vida, hemos hecho voluntariado o hemos dedicado parte de nuestro tiempo libre a una causa que creemos importante. Es una forma de trabajar que requiere ganas, tiempo y mucha motivación personal. Las personas que son voluntarias, lo son porque creen en un mundo diferente y quieren ayudar a cambiar la realidad, luchar por sus ideas y aportar a la sociedad aquello que pueden dar… y, también, porque cuentan con unas circunstancias vitales que les permite poder hacer esto.

Sin embargo, de ahí a pensar que los servicios públicos se pueden cubrir con el trabajo voluntario de la gente, me parece un insulto a toda la ciudadanía y, sobre todo, a aquellas personas que son voluntarias. Además de ser algo muy, muy, muy peligroso.

Las personas que trabajamos de forma activa para que se cumplan los derechos humanos, sea de la forma que sea (remunerada o no), también luchamos por los derechos laborales básicos. Queremos tener derecho a un trabajo digno, que nos permita desarrollar nuestra vida personal y profesional, nuestro ocio y nuestro tiempo libre. Queremos poder tener vacaciones y tener el suficiente dinero para vivir de una forma digna -llegar a fin de mes, vaya-. Poder tener una enfermedad de vez en cuando. O ser padres o madres sin que se nos eche a la calle. Queremos tener tiempo para nuestros hijos o hijas.

La mayoría de organizaciones sin ánimo de lucro luchan, de una u otra forma, para que se cumplan los derechos humanos. Y, esto, es imposible sin respetar el derecho al trabajo. Por ello, intentan valorar al máximo el trabajo que hacen sus voluntarios y voluntarias, pero nunca aprovecharse de ellos. Porque –aunque esto no sea siempre así-, el trabajo del voluntariado nunca debería suplantar puestos de trabajo.

¿Qué pasaría si los servicios públicos empezaran a cubrirse con voluntarios y voluntarias? En primer lugar, una persona voluntaria no sólo se dedica al voluntariado. Tal vez nos gustaría, pero tenemos la mala costumbre de querer comer de vez en cuando, por lo que no podemos dedicarnos eternamente ni a trabajar gratis, ni hacerlo 8 horas al día. Es evidente que las carencias que habría en los servicios públicos serían enormes porque a una persona voluntaria no se le puede exigir la disponibilidad que supone un trabajo remunerado.

Por otra parte, suplantar puestos de empleo con voluntariado es una completa barbaridad. Despidos, más paro, más recortes. Va en contra de los principios del voluntariado, de los derechos laborales básicos y de nuestra democracia. Y, mientras tanto, seguimos enterándonos de casos de corrupción, de sueldos millonarios, de políticos que suman sueldos de mil trabajos que hacen a la vez (sus días deben de tener más horas que las nuestras).

Pero parece que Ana Botella cree que sus recortes se pueden compensar con más trabajo gratis. No basta con que haya despidos masivos, familias que se estén quedando en la calle, jóvenes que ya no son tan jóvenes y siguen encadenando contratos basura, becas y paro sin una esperanza de futuro. No. Ahora tenemos que devolver a nuestra sociedad todo lo que nos ha dado trabajando gratis.

Desde luego, daré gracias siempre por haber tenido la suerte de nacer en el país en el que he nacido, el haber podido estudiar, formarme y que, a pesar de todas las dificultades, nunca me haya faltado nada para comer.  Sin embargo, ahora mismo, sólo quiero poder trabajar y ganarme el pan con mi trabajo. ¿Es mucho pedir? Ni si quiera quiero comprarme una casa, ni un coche, ni grandes lujos.

Tengo 27 años y quiero independizarme. Tener para pagarme un alquiler modesto y poder avanzar en mi vida. Sentir que, con mi trabajo, estoy contribuyendo a crear una sociedad mejor. Quiero contribuir con mis impuestos a que las personas que llevan trabajando toda la vida puedan tener una jubilación digna. Quiero poder jubilarme en algún momento. Quiero poder contribuir con mis impuestos a tener una sanidad y una educación mejor. Un transporte público mejor. Quiero poder invertir en igualdad de oportunidades. En servicios sociales. En investigación. En cooperación. En desarrollo. Quiero que no se vaya a la mierda todo el esfuerzo que han hecho tantas personas para llegar hasta aquí.

Y, eso, sí es devolver a la sociedad todo lo que me ha dado. Pero para eso, necesito un empleo.

#gratisnotrabajo


La revolución que no esperaban…

Quién le iba a decir a Zapatero hace unos años que, siendo Presidente de España, se iba a crear toda esta revolución social y que se iban a montar manifestaciones históricas y multitudinarias. Fuimos muchas las personas que nos alegramos de que fuera elegido Presidente y que confiamos en sus ganas para mejorar nuestra realidad. Y así fue durante los primeros años.

Pero luego llegó la crisis y todo empezó a desvanecerse. Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana. El amor y, por lo visto, también los ideales y principios políticos que llevaron a al PSOE al Gobierno. Aquel ministerio de Igualdad que era una prioridad, pasó a ser otra cosa. Las ayudas sociales empezaron a convertirse en recortes sociales. El paro creció y creció cada vez más. La juventud precaria con contratos basura llegó a tener 35, 36, 37 años. El paro juvenil superó el 40% a nivel nacional y superó el 50% en la Comunidad Valenciana. El número de hogares sin ningún ingreso alcanzó la increíble cifra de 1.386.000. El diálogo con los sindicatos acabó siendo, una vez más, una compraventa de ideales y principios.

Y después llegó el #15m.

Paul Hanna - Reuters

Nadie esperaba que tantas y tantas personas salieran a la calle -o, más bien, a las plazas-. Y que, además, sue se quedaran ahí durante días y días. Que se fuera sumando cada vez más gente y cada vez en más ciudades. Y en diferentes países. Se contagian los sueños, la alegría y las ganas de hacer algo. De movernos de verdad.  Lo cierto es que muchas personas que llevan tiempo trabajando para cambiar las cosas, pero la magnitud que ha alcanzado esto era impensable. De una manifestación de la que pasaron los “grandes medios” españoles, hemos acabado protagonizando portadas internacionales, como  La Repubblica, The Washington Post o Le Figaro.

Durante estos días, me he quedado embobada mirando la Puerta del Sol a través de esta gran ventana que es Internet. Una vez más, se ha visto cómo los medios de comunicación pueden utilizarse para hacer democracia, para mover a la ciudadanía y para hacerle reflexionar de verdad (o lo que ha pasado a llamarse #periodismoreal). De repente, pequeños (pero muy grandes) medios como Periodismo Humano, estuvieron al pie del cañón desde el principio y demostraron que otro periodismo era posible, consiguiendo además que su número de visitas se multiplicara y fuera creciendo más y más en pocas horas. Apareció SolTv, que nos ha mostrado en directo y sin interrupciones que la gente no se va, que sigue ahí, luchando de forma pacífica. Gracias a Twitter y Facebook la gente ha seguido organizándose, informando, publicando y moviendo imágenes que ya han hecho historia.

Foto de Jacobo Menéndez, o aquel desconocido que acabó siendo portada de El País

Los grandes medios no tuvieron más remedio que hacerse eco de todo lo que está pasando y reposicionarse. A pesar de que hayamos podido escuchar burradas, como que este tipo de joven que se manifiesta se queja de vicio porque puede irse a Londres por 30 euros, las ciudadanas y ciudadanos han dicho las cosas alto y claro (gracias, Cristina).

Su organización, improvisada porque nadie esperaba esta respuesta multitudinaria, es de admirar. Las plazas de la relexión son la muestra de que la gente no duerme y que una cosa es que no confíe en la política que existe en estos momentos y, otra muy distinta, que no crea en la política y en la democracia.

J.M. Martín - 20 Minutos

Una de las cosas que más me llena de ilusión es que el feminismo haya mostrado que está ahí y que es parte IMPRESCINDIBLE de la revolución. Sin feminismo no hay revolución. Y, cómo no, también se han escuchado muchas voces contrarias y quejicas, porque parece que todo lo que tenga que ver con “feminismo” siempre escuece un poco. Cada vez que alguien se molesta por escuchar feminismo, pienso que sigue sin conocer su verdadero significado. En todas las asambleas se ha hablado de democracia real y de participación ciudadana. Nada de eso es posible sin igualad de género. Y ahí está la gran pancarta: “La revolución será feminista o no será”.

Tengo mil sensaciones encima y todo esto me está devolviendo la esperanza. Como tantas y tantas personas de mi generación, no me siento una ni-ni. No lo soy. Es increíble que nos hayan echado la culpa de haber podido estudiar y tener unas comodidades que no tuvieron nuestros padres y madres y, mucho menos, nuestras abuelas y abuelos. Es increíble que ahora nos acusen de poder haber disfrutado de todo lo que las generaciones anteriores habían querido para nosotras y nosotros y que con tanto esfuerzo consiguieron. Ahora, sabemos que el presente que tenemos y que el futuro que nos espera no será, ni mucho menos, más fácil que el de hace 20 o 40 años. Porque nos lo han quitado. Nos bautizan como generación perdida o nini y nos acusan de pasar de la política, de no comprometernos socialmente, de ser pesimistas y antisistema.

Paul Hanna - Reuters

Ahora, hemos demostrado que somos el motor de cambio que esta sociedad necesita. Que no se puede hablar de “antisistema” cuando estamos pidiendo una democracia de verdad. Nos movemos y llevábamos mucho tiempo moviéndonos. Ahora lo hemos demostrado en grupo, en multitud. Y, si el 15 de mayo la mayoría de manifestantes eran jóvenes, la juventud de este país ha conseguido movilizar a todas las generaciones. Porque esta revolución es de hombres y mujeres de todas las edades. Porque esta situación nos afecta de verdad a toda la sociedad…

Desde Italia, todo se ve muy, muy grande… y las ganas que tengo de estar allí son enormes. No sé cómo se sentirán todas las personas que están viviendo este movimiento en las calles, pero yo lo siento como algo realmente importante. No sé si todo esto dará resultados concretos y reales (espero con toda mi alma que sí), pero ya hemos hecho mucho.

Desde luego, lo que no creíamos era que esta lección al mundo se extendería como se está extendiendo. En países como en el que vivo ahora, creo que la clase política y los medios empiezan a tener miedo. Lógicamente, en la televisión del señor Berlusconi no he conseguido ver casi nada de lo que está pasando en España. La mayoría de la gente a la que le he preguntado si sabían algo la revolución española me ha dicho que no o que sólo habían oído algo.  Aún así, la gente empieza a organizarse y en los últimos días, ya se han convocado asambleas y acampadas en algunas de las grandes ciudades de Italia. Parece que cada vez se unen más personas…

Democracia Real Ya llega a Italia. Primera asamblea en Bologna, 20 de mayo de 2011

Independientemente de lo que pase hoy, esta crisis económica y política va mucho más allá de unas elecciones. Queda mucho trabajo por hacer y espero que este espíritu de cambio dure por mucho tiempo…


Por fin… estamos de revolución!

La ciudadanía española no podía permanecer por mucho tiempo callada. El descontento social generalizado y la desconfianza en los partidos políticos y sindicatos tenía que explotar tarde o temprano. Y lo ha hecho. De forma pacífica, plural y en un momento más que imprescindible.

Desde Italia, estoy emocionada viendo las imágenes que llegan desde España, sobre todo, a través de facebook y twitter.

Me sumo a la #spanishrevolution !

Estoy segura de que nuestra revolución está sirviendo para algo…


La huella de Carmela

Desde que llegué a Italia, no he vuelto a escribir aquí a pesar de todas las cosas que quiero compartir. Se me escapan los días y el tiempo, pero ésta está siendo una experiencia muy grande y pronto sacaré un ratito para contar las pequeñas cosas que voy haciendo y conociendo.

De momento, dejo este vídeo que me llegó esta semana y que está lleno de ternura, sabiduría, cuidado y respeto por el mundo que todos compartimos. Me recordó tanto a las grandes mujeres de mi pequeño pueblo… Y, cómo no, a mi abuela que todo lo remienda y aprovecha….