La vacuna contra el VPH, el polémico pinchazo

En Uruguay a partir de abril todas las niñas de 12 años podrán solicitar la vacuna contra el VPH. Un producto farmacológico que hasta el momento carga con muchas incógnitas.

  • El cáncer de cuello de útero puede ser causado por más de 100 tipos de VPH. La vacuna comercializada sólo previene dos de ellos.
  • Hasta dentro de varias décadas no se conocerá la verdadera efectividad de la vacuna.
  • En España se han registrado más de 700 casos de reacciones adversas, algunas de ellas muy graves. En septiembre de 2012, una joven de 13 años murió en Galicia tras recibir la segunda dosis de la vacuna contra el VPH.

Con una inversión de 1 millón 200 mil dólares, el Ministerio de Salud Pública (MSP) anunciaba este verano que la vacuna contra Virus del Papiloma Humano (VPH) estará disponible de forma gratuita en Uruguay a partir de abril. No tendrá carácter obligatorio  ni integrará el calendario de vacunación.  La iniciativa, a su vez, estará acompañada de una campaña pública que hará hincapié en la importancia de la realización de un test de Papanicolau como método de prevención del cáncer de cuello uterino.

A pesar del la disponibilidad de la vacuna (que hace tiempo lo está, solo que antes no era gratuita) sus ventajas aún son algo inciertas: existen dudas de cuánto dura su efectividad y hasta dentro de varias décadas no podrá conocerse su verdadero efecto. A esto se le suman los efectos secundarios graves que se reportaron en países como España y Estados Unidos.

 El Virus del Papiloma Humano se transmite por contacto de la piel (no por los fluidos sexuales) durante las relaciones sexuales. “Algunos tipos de VPH tienen capacidad oncogénica, y provocan mitosis sin control, displasia, carcinoma in situ, y cáncer de cuello de útero. El virus es causa necesaria, pero no suficiente. La pobreza, el tabaquismo, y otros factores desconocidos son clave para el desarrollo de la enfermedad”, señala el doctor Juan Gérvas,  médico de Canencia de la Sierra, Garganta de los Montes y El Cuadrón de Madrid, en un artículo de la revista española MYS, y agrega: “En la mayoría de los casos la infección se elimina por medios naturales, espontáneamente. Importa la infección que se mantiene por más de dos décadas. La infección permanente es lenta, pues lleva hasta diez años para producir lesiones precancerosas, y otros diez años para producir carcinoma in situ”.

De las más 100 cepas que hay de VPH, solo 12 pueden desarrollar un cáncer y menos del 1% de los casos de infección llega a convertirse en cáncer. Que una mujer se infecte con el virus no significa que vaya a tener cáncer de cuello uterino.

Por otro lado, en lo que respecta a la vacuna comercializada, no es efectiva contra todos los serotipos cancerígenos: sólo actúa contra el VPH-16 y el VPH-18 (que se vinculan mayormente con algunos tipos de cáncer uterino) y contra los serotipos HPV-6 y HPV-11 (que producen las verrugas genitales).

En un comunicado a los equipos de salud el MSP informa que hasta el momento, la información sobre el beneficio de esta vacuna “se basa en estimaciones de los resultados sobre las lesiones pre malignas y no sobre el cáncer en sí mismo”. En el mismo documenta la cartera de salud explica que “es importante destacar que los países que han disminuido francamente el CCU[cáncer de cuello uterino], lo han hecho mediante la universalización de la prevención integral con mucha anterioridad a la incorporación de las vacunas contra el VPH”.

Por su parte, la ginecobstetra Giselle Tomasso, asesora técnica del MSP, en una entrevista con el programa de radio No Toquen Nada asegura que  “el argumento a favor de la vacuna es que previene las lesiones y seguramente prevenga el cáncer, pero en medicina no todo se resuelve por propiedades transitivas. Decir hoy que la vacuna del VPH previene cáncer no es verdad. Puede ser probable, pero no es seguro. En otras intervenciones en salud hemos presumido esto, como pasó con los antiarrítmicos, que pensamos que prevenían las muertes por infarto. Los dimos y la gente se moría más. No siempre en medicina dos más dos es cuatro” y sostiene que si se toma en cuenta esto y la evidencia que hay sobre los efectos secundarios graves, “como muerte súbita, convulsiones, enfermedades neurológicas y trombosis, no es recomendable dar la vacuna”.

El caso de España

La vacuna contra el Virus del Papiloma Humano se incluyó en el calendario oficial de vacunas de España en 2007. En aquel momento, el medicamento apareció en los medios de comunicación como el milagro ante el cáncer de cuello de útero. Ya entonces, asociaciones y profesionales de la salud firmaron el manifiesto “Razones para una moratoria en la aplicación de la vacuna del VPH en España” alertando de sus posibles efectos adversos, de los costes que supondría para la sanidad pública y del escaso conocimiento sobre la efectividad de la vacuna.

Según la Asociación de Afectadas por la Vacuna del Papiloma y especialistas de la medicina como Carme Valls, las últimas investigaciones realizadas en España revelan que los serotipos 16 y 18 sólo producen alrededor del 30% de los casos de muerte por de cáncer de cuello de útero[1]. Por tanto, la efectividad de la vacuna en el contexto español es muy limitada.

En 2009, dos jóvenes valencianas fueron ingresadas de urgencia en el hospital tras recibir la segunda dosis de Gardasil, la marca de la vacuna contra el VPH. Estas adolescentes sufrieron crisis convulsivas severas y estuvieron hospitalizadas durante varios meses sin tener un diagnóstico claro. Aunque las instituciones sanitarias no han ofrecido mucha información al respecto, hasta enero de 2012, hay notificados 737 efectos adversos en España, algunos de ellos, muy graves. La Asociación de Afectadas por la Vacuna del Papiloma (AAVP) trabaja para que se retire esta vacuna del sistema sanitario español y reclama al gobierno un fondo de compensación para las personas afectadas por la vacuna.

Alicia Capilla, vicepresidenta de la AAVP y madre de una de las jóvenes afectadas explica que lo más duro fue no saber qué le sucedía a su hija: “Si a una persona le ocurre un accidente o tiene una enfermedad grave, pero sabes qué es, puedes seguir un tratamiento y luchar contra ello. Pero el problema es que no sabían cómo tratar ni a la otra niña ni a mi hija y cada día nos decían una cosa distinta”.

El personal sanitario no conocía cuáles eran los posibles efectos adversos de una vacuna que se estaba (y aún se está) suministrando de forma generalizada a adolescentes españolas. “Sin embargo, tras investigar y ponernos en contacto con médicos que ya habían hablado de la inseguridad de esta vacuna, nos dimos cuenta de que todo lo que les estaba ocurriendo a nuestras hijas, estaba dentro del cuadro de efectos secundarios de la vacuna recogidos en los Informes Vaers[2]“, afirma Alicia Capilla. ¿Por qué esta información no se conocía en España? ¿Por qué se sigue negando la relación entre la vacuna y los síntomas que sufren las adolescentes?

En septiembre de 2012, una niña de 13 años murió en Galicia por una crisis asmática tras recibir la segunda dosis de la vacuna contra el VPH. Como explica Teresa Forcades, médica y doctora en salud pública, “el riesgo de morir debido a la vacuna del papiloma es menor que el de morir por el cáncer de cuello de útero, pero hay una diferencia esencial: las que mueren o se quedan inválidas de por vida debido a la vacuna son chicas jóvenes y sanas que mueren por culpa de una intervención de salud pública recomendada por las autoridades sanitarias. Las que mueren por el cáncer de cuello de útero son mujeres mayores que si tuvieran acceso al test de Papanicolau seguramente no morirían“[3].

Teresa Forcades apunta otro hecho relevante: Merk, la compañía farmacéutica que fabrica la vacuna Gardasil, ya fue condenada en Estados Unidos por haber escondido información sobre la seguridad del antiinflamatorio Vioxx, que causó la muerte de más de 3.000 personas. Todos estos datos hacen reflexionar sobre la medicalización excesiva y el negocio de las farmacéuticas. ¿Estamos ante una cuestión de salud o un negocio?

Sea de un modo u otro, la decisión de vacunarse debe estar sometida a una información previa y al conocimeinto de padres, madres y adolescentes sobre la realidad de la enfermedad, las ventajas y posibles efectos adversos de la vacuna y otras alternativas menos agresivas y más económicas contra el cáncer. Por ello, las autoridades sanitarias deben encargarse de ofrecer todo tipo de información y estar preparadas para los efectos adversos que pudieran producirse, aún siendo un porcentaje bajo.


[1] Esta información puede consultarse en la página web de la AAVP (http://www.aavp.es/) y del Centro de Análisis y Programas Sanitarios (http://www.caps.cat)

[2] VAERS: siglas en inglés del Sistema para Reportar Reacciones Adversas a las Vacunas. Se encarga de hacer seguimiento a la seguridad de las vacunas después de que éstas han sido autorizadas.

[3] Teresa Forcades. “Una reflexión y una propuesta en relación a la vacuna del Virus del Papiloma Humano”. AMHB. Noviembre de 2012, Barcelona. En línea: [http://www.amhb.net/web/images/stories/docs/teresa%20forcades%20cast.pdf.pdf]

Publicación original en Cotidiano Mujer. Número 47, marzo de 2013. Uruguay.

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